Anda loco el ordenador, como mi cabeza que da mil vueltas.
Estos días nos han dejado, Francisco Alaya, Strauss, J.L Vázquez...la vida/la muerte.
Ciberculturalia nos habla en un magnífico post de los muros, Reflexiones nos recuerda las cárceles de la muerte, ayer he visto una película sobre las atrocidades del ejercito americano en Irak, leo un libro sobre la colonización de los portugueses en África y Barricada canta a la memoria histórica...y tiemblo sobre la condición humana. Tiemblo.
“No sabía muy bien lo que ocurriera. Quizás no había tenido ningún momento para encontrarme frente a mi misma. Creo que me he estado engañando apenas sin darme cuenta. Que difícil es poder verse y reconocerse. Siempre me disculpo. Siempre encuentro una justificación piadosa a mis actos. A mi vida. Soy una víctima sin querer serlo, sin aparentarlo. Soy víctima de los juicios que sobre mi se han hecho. Solo he deseado una cosa con fuerza, el encuentro del Amor y el encuentro con mi hija. He sufrido el peor de los destierros, la soledad más honda y el menosprecio, he perdido en la batalla a la carne de mi carne,a mis hijos. En este recorrido he sido tan indigna, me he vendido en más de una ocasión por un simple juego de frivolidades al mejor postor, he sentido asco tantas veces de esos absurdos pretendientes, he fingido y mentido, he jugado y me he reído de todos ellos y lo más irónico es que he seguido sufriendo.
Ahora estoy aquí, apenas solo yo puedo reconocerme en este paisaje, en donde las nostalgias y los apegos se transforman en una música de tristezas y perdidas .No sé que busco, quizás es que ya no busco nada más que el refugio…empezar de nuevo es un tópico….no hay nada que empezar se trata de continuar en esta trayectoria tan infernal que representa esta época, esta vida que no es otra sino la mía.”
Mi casa, donde nací y viví con mi familia, es ahora la casa de la señora gata.
Salió a recibirnos con gesto agresivo, como hacía en aquellos tiempos que eramos pequeños y que tenía el dominio de nuestro patio.
Mi padre, al que yo asociaba con San Francisco de Asís, era el único que no les tenía miedo. Él hablaba con ellas y acariciaba a sus hijitos, que normalmente eran muchos.
Ayer, cuando fuimos hacer un paseo por nuestros antiguos barrios y a visitar la que fuera nuestra casa, hoy abandonada, nos salió Doña Gata a recibirnos.
Si creyera en la reincarnación pensaría que era mi padre enfadado por haber sido tan tontos de venderla. Pero no creo en ella.
Como todo en la vida lo puedes ver desde muchos ángulos, tiene gracia que este habitada por los gatos, aunque queda la nostalgia de la perdida y el abandono.
El piso que ocupó mi madre en la ciudad de los muertos está muy alto, muy, muy alto.
Esto hace difícil bastantes cosas, poner flores, hablar con ella...
He ido pocas veces allí, pero es evidente que las diferencias sociales existen también después de muertos.
Hay grandes chalés, adosados, pisos de primera, de segunda....con vistas al mar y sin vistas.
Nunca olvidaré la conversación de unos familiares míos que hablaban que se lo habían comprado con vistas, cuando me realicé de que no hablaban de una casa sino de un nicho, me quedé francamente impactada, yo que no pagaba ni el Ocaso, ni el Fénix y que esto de la muerte no me rondaba más que como un tema de carácter filosofal, pues cuando me llegue no podré contaros como lo llevé (bueno a lo mejor montamos una conexión ultra bloguera y os lo puedo contar...). Porque dura "ese instante".
Ese instante en que tus pequeños ojitos color miel penetraron hasta lo más hondo y agarraste nuestras manos como queriendo salir de ese ya definitivo y profundo negro que te tragó para siempre. Y solo quedo el hilo de mi voz agarrándote a lo invisible y el grito ahogado de "mamaíña".
Para mi ella está en tantos sitios, cuando voy a Coruña la veo siempre paseando con su elegancia natural y su hermoso pelo blanco.
-¿Se acuerda de mi madre?-pregunté al camarero del café que hay frente al palacio de la ópera.
-¡Claro! como iba a olvidarla.
-Le gustaban mucho las croquetas de aquí.-añadí.
Y nos sonreímos.
En los últimos tiempos de su vida descubriera que la cocinera de esta cafetería hacía las croquetas como a ella le gustaban y creerme que fue una gran suerte.
Ella que hasta hacía poco andaba ligera como si fuera una jovenciña, ¡plaf! un día y fruto de una caída comenzó a venirse abajo y dejó sus grandes paseos y los fue reduciendo poco a poco, eso si nunca dejo su café y su periódico en el bar, y su parque (bueno ahora le llaman así, para nosotros es el monte, el monte de Santa Margarita).
Y allí sentadita, siempre tan bonita, que sonrisa se le ponía cuando aparecías hacerle una visita, que agradecimiento...tantas veces pienso como podría darle a la manivela del tiempo para darle más, mucho más de mi tiempo.
Iré al Monte de Santa Margarita, llevaré una flor y se la dejaré allí en el banco. Allí si que podré hablar con ella.